La mancha ocre del almendro es una enfermedad foliar causada por el hongo ascomiceto Polystigma amygdalinum, considerada una de las patologías más relevantes del cultivo del almendro y ampliamente distribuida en las principales zonas productoras de España. El ciclo biológico del patógeno se inicia con su conservación durante el invierno en las hojas infectadas caídas al suelo, donde se desarrollan las estructuras de resistencia que originan las ascosporas. Con la llegada de la primavera, bajo condiciones de temperaturas suaves y elevada humedad ambiental, dichas ascosporas son liberadas y dispersadas, produciendo la infección de las hojas jóvenes del cultivo.
Síntomas y daños
La enfermedad se manifiesta exclusivamente en el tejido foliar, mediante la aparición de manchas de tamaño y morfología variables, que evolucionan desde tonalidades amarillentas iniciales hasta colores pardo-rojizos más intensos, adquiriendo posteriormente un aspecto oscuro, engrosado y coriáceo. La presencia del patógeno provoca una reducción significativa de la superficie foliar funcional, con la consiguiente disminución de la actividad fotosintética del árbol. Asimismo, favorece la senescencia prematura y la caída anticipada de las hojas. En situaciones de elevada incidencia, puede originar defoliaciones severas, con el consiguiente debilitamiento del árbol, afectando negativamente a la acumulación de reservas, al desarrollo vegetativo y a la productividad de las campañas posteriores.
Estrategias de control en Producción Integrada
El control de la mancha ocre debe realizarse conforme a los principios generales establecidos en el Reglamento de Producción Integrada del cultivo del almendro, y en la aplicación de estrategias de Gestión Integrada de Plagas y enfermedades que prioriza los métodos biológicos, biotecnológicos, culturales y físicos frente al uso de medios químicos. Dada la existencia de un periodo de latencia prolongado, que puede oscilar entre 5 y 10 semanas entre la infección y la expresión de síntomas visibles, el seguimiento técnico del cultivo resulta fundamental para una correcta toma de decisiones.
Entre las medidas preventivas y culturales, se establece como práctica prioritaria la utilización de variedades con mayor tolerancia o comportamiento resistente frente a la enfermedad, así como la aplicación de técnicas de manejo que contribuyan a reducir la presión de inóculo. En este sentido, resulta esencial la eliminación o incorporación al suelo de las hojas caídas, con el fin de interrumpir el ciclo biológico del patógeno y disminuir las fuentes de infección primaria. Del mismo modo, se recomienda la realización de podas que favorezcan la aireación de la copa y la reducción de la humedad relativa en el interior del árbol, evitando condiciones predisponentes para el desarrollo del hongo.
Las intervenciones de carácter químico tendrán carácter complementario y se aplicarán únicamente cuando los niveles de riesgo superen los umbrales establecidos por la normativa técnica vigente o cuando exista una justificación agronómica basada en el seguimiento del cultivo. En tales casos, los tratamientos deberán realizarse con productos fitosanitarios autorizados para el cultivo del almendro y específicamente registrados en el Registro de Productos Fitosanitarios del Ministerio de Agricultura, para el control de Polystigma amygdalinum, respetando en todo momento las dosis, condiciones de aplicación y recomendaciones establecidas en Producción Integrada, con especial atención a la prevención de resistencias y a la protección del medio ambiente.
Asimismo, queda expresamente desaconsejada la realización de tratamientos sistemáticos o de calendario sin justificación técnica, el abandono del seguimiento fitosanitario antes de la finalización del ciclo vegetativo del cultivo, así como la eliminación inadecuada de restos de caldos fitosanitarios o aguas de lavado de equipos en zonas susceptibles de contaminación de cauces o masas de agua. Igualmente, se evitará la aplicación de productos fitosanitarios en condiciones meteorológicas adversas, tales como viento, lluvia o temperaturas extremas, por su impacto negativo en la eficacia del tratamiento y su potencial riesgo ambiental.























