Las olas de calor no solo impactan sobre cultivos, ecosistemas y salud humana. También alteran de forma directa la actividad biológica del suelo, comprometiendo funciones esenciales para el equilibrio ambiental y la productividad agrícola. Un estudio liderado por la Universidad de Córdoba que recoge la OleoRevista ha determinado que los microorganismos presentes en los suelos mediterráneos comienzan a perder funcionalidad cuando las temperaturas superan los 40 grados, llegando prácticamente a detener su actividad a partir de los 50 grados. La investigación, desarrollada junto a la Bangor University, analiza el comportamiento de distintos tipos de suelo mediterráneo ante escenarios extremos de temperatura y plantea estrategias para aumentar su capacidad de resistencia mediante la incorporación de residuos orgánicos.
La actividad microbiana se reduce drásticamente con temperaturas extremas
El trabajo demuestra que el incremento térmico afecta directamente a la eficiencia con la que los microorganismos del suelo capturan y procesan carbono, una función clave para el secuestro de CO₂ y la fertilidad de los ecosistemas agrícolas. A medida que aumenta la temperatura, la actividad microbiana se ralentiza y disminuye también la reserva de fósforo disponible en el suelo, un nutriente esencial para el desarrollo vegetal. Según los resultados obtenidos, esta disponibilidad llega a ser prácticamente inexistente cuando el suelo supera los 40 grados. Para llevar a cabo el estudio, el equipo investigador utilizó muestras de dos tipos de suelo mediterráneo, uno calcáreo procedente de Córdoba y otro ácido de Badajoz, sometidas a diferentes escenarios térmicos entre 20 y 50 grados.
La investigadora principal del trabajo, Sana Boubehziz, del grupo de Edafología del Departamento de Agronomía de la UCO, explica que las muestras fueron marcadas con isótopos radioactivos de carbono-14 con el objetivo de monitorizar la respiración microbiana y evaluar la capacidad de resistencia de los microorganismos.
El alperujo mejora la resistencia térmica del suelo
Más allá de identificar los efectos del calor extremo, el estudio evaluó posibles medidas para amortiguar la degradación del suelo mediante bioenmiendas ricas en materia orgánica. Los ensayos se realizaron con alperujo, principal subproducto de la industria oleícola, y restos orgánicos procedentes de plantas de tratamiento de residuos y aguas gestionadas por empresas municipales de Córdoba. Tras un periodo de incubación de dos semanas, los investigadores comprobaron que las muestras tratadas con aditivos orgánicos aumentaban significativamente tanto su resistencia térmica como la disponibilidad de fósforo.
Entre las distintas bioenmiendas analizadas, el alperujo mostró el mejor comportamiento, permitiendo incrementar la tolerancia del suelo hasta los 50 grados. El resultado refuerza el potencial de este subproducto del sector oleícola dentro de estrategias de economía circular aplicadas a la sostenibilidad agrícola.
El suelo mediterráneo se convierte en un frente clave frente al cambio climático
El estudio pone el foco sobre la vulnerabilidad específica de los suelos mediterráneos ante el avance del cambio climático y subraya la necesidad de aplicar modelos de gestión adaptados a las características de cada territorio. “Cada suelo es único y necesita un manejo específico”, señala Boubehziz, quien defiende el uso de fertilizantes orgánicos como una alternativa más sostenible y rentable a medio plazo para la agricultura. Además de mejorar la productividad, la conservación de la salud del suelo tiene implicaciones ambientales estratégicas. Considerado un recurso no renovable por su lenta capacidad de regeneración, el suelo desempeña un papel esencial en el secuestro de carbono y en la mitigación del cambio climático.
La investigación se enmarca además en el contexto de la futura Directiva Europea de Vigilancia del Suelo, orientada a garantizar la salud de los suelos europeos antes de 2030 mediante estrategias integrales de conservación y restauración.























