El abichado del olivo es una plaga ampliamente distribuida en toda la Cuenca Mediterránea. Aunque su presencia es generalizada, su incidencia y gravedad dependen en gran medida de factores que la favorecen como la existencia de heridas en el árbol, la edad de la plantación, la realización de injertos o la presencia de variedades con madera más tierna.
En condiciones habituales, la plaga presenta dos generaciones anuales:
- Generación de primavera-verano: este lepidóptero pasa el invierno como larva activa en el interior de galerías. A finales de invierno comienzan a observarse las primeras crisálidas, iniciándose el vuelo de adultos, cuyo máximo suele registrarse entre abril y mayo. Las nuevas larvas alcanzan su máxima presencia a mediados de mayo.
- Generación de otoño-invierno: tras un descenso de la actividad en verano, a partir de septiembre se intensifica la crisalidación, dando lugar a una segunda generación, generalmente menos intensa, cuya puesta se prolonga hasta octubre.
Síntomas y daños
La hembra deposita los huevos de forma aislada o en pequeños grupos en zonas favorables como grietas de la corteza, heridas de poda, nódulos de tuberculosis, inserciones de ramas o bifurcaciones.
Tras la eclosión, la larva penetra rápidamente en el interior del árbol, excavando galerías entre la corteza y la madera, donde permanece durante todo su desarrollo.
Los daños se manifiestan como:
- Debilitamiento progresivo de ramas o del árbol completo.
- Amarilleamiento y pérdida de vigor en la vegetación afectada.
- Secado de ramas, pudiendo provocar la muerte del árbol en plantaciones jóvenes.
Los síntomas más característicos son:
- Fisuras y abultamientos en la corteza (“piel de elefante”).
- Presencia de glomérulos externos de color marrón (excrementos) unidos por hilos de seda.
- Decaimiento vegetativo, con defoliación progresiva en las ramas atacadas.
Los ataques más severos suelen estar asociados a situaciones de estrés o daños previos, como heladas, granizo, malas prácticas de poda o deficiente entutorado en plantaciones jóvenes.
Gestión Integrada de Plagas y Producción Integrada del olivar:
Siguiendo los principios de la Gestión Integrada de Plagas, el control del abichado debe priorizar medidas preventivas y sostenibles, ya que su manejo resulta complejo por la simultaneidad de estados biológicos y la protección que ofrece la madera al desarrollo larvario.
En este contexto, las estrategias deben basarse fundamentalmente en prácticas culturales que reduzcan la susceptibilidad del cultivo y limiten el establecimiento de la plaga, tales como:
- a) Minimizar la aparición de heridas en troncos y ramas, mediante una adecuada ejecución de las labores de poda y el uso correcto de maquinaria y aperos.
- b) Prevenir daños por insolación en los troncos, especialmente en plantaciones jóvenes, mediante técnicas de protección adecuadas.
- c) Favorecer el estado fisiológico del arbolado, promoviendo su recuperación tras situaciones de estrés abiótico (heladas, granizo, sequía).
- d) Garantizar un entutorado correcto que evite rozaduras y daños mecánicos en la planta.
- e) Programar las labores de poda y desvaretado fuera de los periodos de máxima actividad de vuelo de adultos, especialmente en primavera.
El recurso al control químico debe considerarse como última opción, únicamente cuando el seguimiento y los umbrales de intervención así lo justifiquen. En tal caso, siempre utilizando productos registrados y uso autorizados en el Registro de Productos Fitosanitarios del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación para el cultivo; seleccionados conforme a criterios de eficacia, selectividad y menor impacto ambiental. Las aplicaciones deberán realizarse en los momentos de mayor vulnerabilidad de la plaga (eclosión de huevos y primeros estadios larvarios), asegurando una correcta localización del tratamiento en las zonas de riesgo, como heridas, inserciones de ramas y cuello del árbol.























