Sintomatología y medidas preventivas del mildiu en el cultivo de la vid

El mildiu (Plasmopara viticola) es un patógeno de comportamiento variable en función de las condiciones ambientales, tal y como nos recuerdan desde la Red de Alerta e Información Fitosanitaria de Andalucía (RAIF). Los primeros síntomas suelen manifestarse en el haz de las hojas en forma de manchas cloróticas translúcidas, conocidas como “manchas de aceite”. Bajo condiciones de alta humedad, estas lesiones se corresponden en el envés con una esporulación blanquecina característica (micelio y esporangióforos), que constituye una fuente activa de nuevas infecciones. En fases más avanzadas del cultivo, el mildiu puede afectar también a inflorescencias, racimos y brotes tiernos, provocando necrosis en las flores o bayas, y, por ende, pérdidas directas de cosecha.

Sobrevive principalmente en forma de oosporas invernantes, estructuras de resistencia que permanecen viables en restos de cosecha (hojas caídas y sarmientos) y en el suelo. En determinadas circunstancias, también puede persistir como micelio latente en yemas o tejidos que no han sido eliminados. Cuando concurren las denominadas condiciones de la “regla de los tres dieces” (brotación superior a 10 cm, temperatura media superior a 10ºC y precipitaciones acumuladas de al menos 10 mm en uno o dos días), se desencadena la germinación de estas oosporas, produciendo zoosporas móviles responsables de las contaminaciones primarias. La combinación de precipitaciones recientes, temperaturas suaves y sostenidas, junto con la presencia de brotes que ya superan los 10 cm de longitud en parcelas con fenología más adelantadas, está configurando un escenario especialmente propicio para el inicio del ciclo biológico de la enfermedad. En este contexto, es previsible que en los próximos días comiencen a observarse las primeras manchas de este hongo, especialmente en parcelas con mayor desarrollo vegetativo, elevada densidad de follaje o antecedentes de la enfermedad.

Una vez iniciada la infección primaria puede multiplicarse rápidamente mediante ciclos secundarios, que requieren únicamente la presencia de agua libre sobre los órganos verdes (lluvia, rocío, niebla o incluso condensación nocturna). Estas contaminaciones secundarias pueden sucederse de forma explosiva si se mantienen condiciones de humedad elevada y temperaturas moderadas (óptimo en torno a 20–25 ºC), dando lugar a daños importantes en pocas semanas si no se adoptan medidas de control.

Dado el elevado nivel de incidencia registrado durante la campaña anterior, se espera una alta carga de inóculo invernante, tanto en el suelo como en restos vegetales infectados no incorporados o mal gestionados. Esta situación incrementa el riesgo de infecciones tempranas y obliga a extremar la vigilancia. Por ello, resulta fundamental intensificar los muestreos en estas fases iniciales del cultivo, realizando inspecciones periódicas, especialmente tras episodios de lluvia, y prestando atención a parcelas históricamente más sensibles o con condiciones de mayor humedad.

De acuerdo con los principios de la Gestión Integrada del cultivo, se recomienda adoptar medidas preventivas que disminuyan el riesgo de infección. En este sentido, se aconseja la aplicación de fungicidas de contacto (protectores) antes de que se produzcan las primeras contaminaciones primarias, asegurando una buena cobertura del follaje. En situaciones de alto riesgo o tras lluvias intensas, puede ser necesario complementar con materias activas de carácter sistémico o penetrante que aporten acción curativa limitada. Siempre utilizando productos registrados y uso autorizados en el Registro de Productos Fitosanitarios del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación para el cultivo.

Asimismo, las prácticas culturales desempeñan un papel clave en la reducción del riesgo: una adecuada gestión de la vegetación (deshojado, control del vigor), mejora de la aireación del dosel, eliminación de restos infectados y planificación adecuada de las labores del suelo. En particular, las labores mecánicas deben programarse con antelación suficiente para evitar coincidir con periodos de elevada humedad y temperaturas favorables, ya que podrían favorecer la dispersión o germinación de las oosporas.

En conjunto, la anticipación, el seguimiento continuo de las condiciones meteorológicas y la correcta integración de medidas preventivas y culturales serán determinantes para limitar el impacto del mildiu en la presente campaña.

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