Desarrollan un bioplástico con celulosa y cera de abejas para elaborar envases alimentarios degradables
Un equipo de investigación liderado por el Instituto de Hortofruticultura Subtropical y Mediterránea ‘La Mayora’ (IHSM, UMA-CSIC) en Málaga ha desarrollado un bioplástico a partir de celulosa y cera de abejas. Por sus propiedades de barrera frente a la oxidación, la humedad o la pérdida de frescura, podría emplearse para conservar frutas y verduras listas para consumir, frutos secos o deshidratados que pueden enranciarse o productos de panadería crujientes como panes y picos. Los expertos obtuvieron este material mezclando celulosa, la fibra vegetal que aporta rigidez a las plantas, con glicerol, un líquido incoloro y viscoso que se obtiene a partir de aceites vegetales y que se utiliza como plastificante porque aporta flexibilidad. Como novedad, se sumó a esta matriz cera de abejas en distintas proporciones hasta conseguir unas láminas delgadas, transparentes y biodegradables. En laboratorio, el compuesto resultante actuó de forma similar al polietileno, el plástico más común, derivado del petróleo, que se usa ampliamente en envases, bolsas o botellas. “Se mejoraron las propiedades más importantes para conservar alimentos, como la resistencia al agua, a grasas y a la transmisión de oxígeno. Este bioplástico se parece más al polietileno que a la celulosa de partida”, explica a la Fundación Descubre la investigadora del IHSM ‘La Mayora’ Susana Guzmán, responsable del estudio. Los resultados aportan nuevos datos sobre el potencial que puede alcanzar la celulosa si se combina con otros compuestos naturales de la manera adecuada, abriendo el camino hacia soluciones de envasado alimentario más sostenibles.
Un estudio constata la escasez de tierra cultivable
Según una investigación realizada por el Aula Universitaria Oleícola Innova, promovida por la Universidad Internacional de Andalucía, Sede Antonio Machado, y el Grupo Oleícola Jaén, dicho estudio, ha sido dirigido por el consultor e investigador Juan Vilar, en colaboración con la Universidad de Jaén, donde Juan es consejero social y profesor. El estudio ha sido realizado a partir de datos pasados cuya fuente son la FAO y el Banco Mundial, mientras que para el futuro se han utilizado herramientas de cálculo estadísticas de análisis predictivo.
¿Cuál es el origen de los árboles?
Los primeros árboles conocidos aparecieron hace unos 380 millones de años. Por aquella época, algunas formas de vida vegetal, que entonces vivían exclusivamente en el agua, ante la estrecha competencia y escasez de recursos, desarrollaron estructuras capaces de sobrevivir en tierra firme y en condiciones de sequedad. De esta manera las plantas habrían conquistado el medio terrestre y habrían evolucionado desde vegetales sencillos a otros más complejos, como los árboles, con sus raíces, tronco rígido y hojas. Los Wattieza son considerados por la comunidad científica los vegetales arbóreos más antiguos. Esta primera especie de árbol llegaba a medir más de 8 metros de altura y crecía en el continente americano durante el período geológico Devónico, hace unos 380 millones de años. Anteriores a estos primeros árboles existían los prototaxites. Estos formaban estructuras en forma de tronco que podían alcanzar hasta 9 metros de largo y uno de ancho. En realidad se pueden considerar hongos terrestres que poblaron la Tierra desde el Silúrico hasta el Devónico, hace entre 420 y 370 millones de años, cuando aún no existían los árboles. En esta época, la Tierra era relativamente cálida y estable, lo que permitía una rápida evolución de las plantas. Éstas estaban aumentando en diversidad y tamaño en la tierra, y evolucionando progresivamente para sobrevivir lejos del agua.
El olivo conquista terrenos extremos
En 1983 se realizó el primer estudio que registró la superficie de olivar del planeta, según el consultor estratégico Juan Vilar. En dicha fecha eran 20 países los productores datados con casi 7 millones de hectáreas en producción, siendo casi el 100 por cien tradicional y de secano o con aporte de agua deficitario. Del total, menos del ocho por ciento era de regadío. De igual forma el consumo de aceite de oliva se extendía poco más allá de los países productores. Hoy en día, tras 40 años de evolución y expansión, existen 11,7 millones de hectáreas de olivar produciendo aceite de oliva, el cual es consumido en 198 países, es decir, en todo el planeta.
Análisis de la conversión de las almazaras de Cazorla en bioindustrias
El objetivo de este estudio que se presentará esta tarde, a las 18:00 horas, en el Centro Temático Oleotour Cazorla, ubicado en las instalaciones de Aceites Cazorla SCA, es conocer cómo mejoraría la competitividad de las cooperativas de aceite en el territorio transformando el alpeorujo en gas y su posterior conversión en electricidad.























