Hacia la producción sostenible en el sector oleícola

Investigadores de la Universidad de Jaén han dado un paso significativo hacia la producción sostenible en el sector oleícola con un estudio innovador que explora la integración de Bioenergía con Captura y Almacenamiento de Carbono (BECCS) en la industria del aceite de oliva. Este enfoque no solo podría reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, sino también producir aceite de oliva virgen extra (AOVE) con una huella de carbono negativa. El estudio, titulado ‘Productos sin carbono para involucrar a la sociedad en la acción climática: el ciclo de vida del aceite de oliva’ (Carbon-negative products to engage society in climate action: The life cycle of olive oil) publicado en la prestigiosa revista científica Sustainable Production and Consumption, empleó la metodología de Análisis de Ciclo de Vida (ACV) para evaluar el potencial de la producción de aceite de oliva con emisiones negativas. “El objetivo principal era determinar si las tecnologías BECCS basadas en los residuos de poda del olivar, una biomasa a menudo infrautilizada, pero con gran potencial, pueden alimentar la energía necesaria de los procesos de las almazaras, logrando así una reducción neta de las emisiones de CO2”, explica el investigador responsable del estudio, Ángel Galán-Martín, autor del mismo junto a María del Mar Contreras y Eulogio Castro, pertenecientes al Departamento de Ingeniería Química, Ambiental y de los Materiales de la Universidad de Jaén.

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Guía doméstica para medir la calidad de los suelos

Cómo saber si un suelo es más fértil que otro. Éste es el reto en el que trabaja el proyecto ‘Microfauna: Los secretos del suelo’ donde investigadoras de la Universidad de Sevilla, junto con estudiantes del IES Virgen de Valme (Dos Hermanas) y asociados de Enredaos con la tierra (La Puebla del Río) se han convertido en científicos-ciudadanos para elaborar una guía destinada a público no experto que determine la calidad de los suelos mediante la medición de su biodiversidad y su capacidad de descomponer la materia orgánica. Esta iniciativa forma parte del proyecto ‘Andalucía + ciencia ciudadana’, impulsado por la Consejería de Universidad, Investigación e Innovación y coordinado por Fundación Descubre y la Universidad Pablo de Olavide, que pretende potenciar la utilización de este abordaje científico participativo entre distintos agentes de la región. En concreto, supone la implicación activa de una comunidad para dar respuesta a un problema cercano con acciones basadas en el conocimiento, en este caso la conservación de un recurso desconocido como el suelo.

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Desarrollan un método sencillo y económico para identificar vinos generosos y evitar fraudes

Un equipo de investigación de la Universidad de Sevilla y la Universidad Nacional de La Pampa, de Argentina, ha validado un método de análisis sencillo y económico que diferencia con precisión la denominación de origen y el tipo de crianza de distintos vinos generosos. La estrategia podría implementarse como una herramienta rápida y útil para consejos reguladores y productores en sus controles de garantía. Los expertos confirman su utilidad para la diferenciación de vinos con 104 muestras de las denominaciones de origen protegidas Jerez, Manzanilla de Sanlúcar de Barrameda, Montilla-Moriles y Condado de Huelva. Los resultados de los análisis, incluidos en el artículo ‘Usefulness of excitation-emission fluorescence spectralprint combined with chemometrics for authentication of PDO fortified wines’, publicado por la revista Microchemical Journal, confirman su eficacia y su puesta en marcha en un futuro próximo por cualquier laboratorio de control.

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Proponen colocar pulseras de silicona en las colmenas como detectores de contaminación ambiental

Un equipo de investigación internacional de la Universidad de Almería y el Instituto Benaki de Fitopatología (Grecia) ha propuesto el uso de pulseras de plástico en las colmenas de abejas para medir la contaminación ambiental. Aunque ya se conocía la utilidad de estos insectos para detectar distintos contaminantes del aire, como los hidrocarburos o los microplásticos, era necesario extraerlos de sus colmenas y analizarlos en el laboratorio. La propuesta de los investigadores sirve para introducir un ‘muestreador’ o ‘captador’ pasivo en las colmenas, es decir, un dispositivo que recoja el máximo número de contaminantes posible sin tomar muestras apícolas. Factores como el cambio climático y el empleo constante de combustibles fósiles hacen necesario que los científicos realicen evaluaciones periódicas de la calidad del aire. Por ejemplo, si hay concentraciones más elevadas de agentes contaminantes, los expertos pueden proponer intervenciones para reducirlas. Normalmente, la obtención de estos datos en tiempo real y es una tare a compleja y costosa, que requiere el uso de sensores y otras herramientas que deben instalarse en distintos puntos geográficos. Para abaratar y simplificar este proceso, el grupo de investigación Residuos de Plaguicidas de la Universidad de Almería ya estableció que las abejas de la miel (Apis mellifera) sirven como biomonitores de distintos contaminantes en un radio de exploración de unos ocho kilómetros desde sus colmenas mediante la captación en sus cuerpos de estos agentes nocivos, que llevan de vuelta hasta la colmena. “Ahora proponemos otros ‘captadores’ pasivos que nos permitan identificar hidrocarburos policíclicos aromáticos (PAH, por sus siglas en inglés) y seguir utilizando las abejas como ‘centinelas del aire’, pero sin que ello implique impactos negativos en la colonia”, explica la investigadora de la Universidad de Almería María Murcia.

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Identifican un gen de un hongo que regula el cobre de las plantas en suelos contaminados

Un equipo de investigación de la Estación Experimental del Zaidín (EEZ-CSIC, Granada) ha identificado un gen de un hongo del suelo asociado a las raíces y que mejora el crecimiento de las plantas tanto en entornos contaminados con cobre como en deficientes en este nutriente. Estos microorganismos poseen la capacidad de ‘filtrar’ este metal pesado, esencial para la fotosíntesis vegetal, para aportárselo a la planta cuando hay escasez. Así mismo, puede ‘ajustar la dosis’ para no perjudicarlas cuando hay exceso del mismo en el terreno. Las investigadoras se centran en uno de los hongos del suelo que regulan la disponibilidad de cobre para la planta, el hongo micorrícico arbuscular Rhizophagus irregularis, cuyo genoma no está totalmente estudiado en la actualidad. Por tanto, se desconoce cómo éste ejerce algunas de sus funciones biológicas. El trabajo de las investigadoras identifica y arroja luz sobre cómo opera uno de estos genes. Así, con esta información, podría desarrollarse un marcador molecular que permita identificar hongos micorrícicos, es decir, que estén asociados con la planta en una relación simbiótica de beneficio mutuo, más eficientes para regular el cobre que adquieren los vegetales. Asimismo, podrían emplearse como biofertilizantes y bioprotectores que mejoren las estrategias de cultivo.

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