Bases agronómicas de la poda del olivo
Una vez finalizada la recolección de la aceituna, el olivicultor se enfrenta a una de las labores más importantes del manejo del olivar: la poda. Tal y como nos recuerdan desde la Red de Alerta e Información Fitosanitaria de Andalucía (RAIF), desde antiguo esta práctica ha sido considerada clave, ya que de su correcta ejecución depende en gran medida la producción futura, la regularidad de las cosechas y la rentabilidad de la explotación. La poda no consiste únicamente en cortar ramas. Cada intervención modifica el equilibrio interno del árbol, especialmente las relaciones hoja/raíz y hoja/madera. El objetivo debe ser siempre mejorar ese equilibrio, orientándolo hacia una mayor eficiencia productiva del olivo.
Mantenimiento postcosecha del almendro
Una vez finalizada la recolección de la almendra y antes de iniciar las labores de poda, es recomendable, según nos recuerdan desde la Red de Alerta e Información Fitosanitaria de Andalucía (RAIF), llevar a cabo una serie de tareas de mantenimiento orientadas a favorecer la recuperación del árbol y su correcta preparación para el reposo invernal. Entre ellas destacan la fertilización otoñal y el riego postcosecha (en caso de disponer de sistema de riego).
Disolventes verdes para valorizar la poda del olivo
El cultivo del olivo genera grandes cantidades de residuos debido a procesos como la poda, cuyos restos son, en gran parte, hojas que contienen compuestos de alto valor añadido –los polifenoles– utilizados como antioxidantes en la industria cosmética, farmacéutica, alimentaria o de química fina. Un grupo de investigación de la ETSI Industriales (ETSII) de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) ha desarrollado un nuevo proceso, basado en la extracción de los antioxidantes naturales presentes en las hojas de olivo empleando disolventes supramoleculares, con el que han demostrado que es posible dar valor añadido a los restos de la poda del olivo de forma sostenible
Medidas preventivas para evitar daños por barrenillo del olivo
Comienzan a observarse entradas de adultos de barrenillo del olivo (Phloeotribus scarabaeoides) en los palos de cebo instalados para su seguimiento, tal y como nos recuerdan desde la Red de Alerta e Información Fitosanitaria de Andalucía (RAIF), aunque están en descenso. Hay que estar atentos para detectar las primeras salidas, que ya se observan en algunas zonas olivareras andaluzas. Este insecto, con la llegada de las suaves temperaturas de final del invierno y coincidiendo generalmente con las habituales tareas de poda en el cultivo, sale de su refugio hacia maderas con menor movimiento de savia, procedentes de dicha poda o árboles decrépitos afectados por algún fitopatógeno. En estas realizan galerías en la corteza donde se aparean y sus larvas nacidas aparecen como nuevos adultos en mayo-junio, que abandonarán los restos de poda para dirigirse a los olivos más próximos. Los daños más graves se deben a las galerías de alimentación que realizarán en los brotes del olivo, entre los meses de mayo y julio, los adultos de esta nueva generación.
Tuberculosis del olivo: prevención y control
Actualmente, la mayoría de las explotaciones de olivar están en la fase final de las labores de poda, según nos recuerdan desde la Red de Alerta e Información Fitosanitaria de Andalucía (RAIF). La bacteria, Pseudomonas savastanoi, penetra en el cultivo a través de heridas causadas por las operaciones de poda, insectos, fenómenos meteorológicos e incluso a través de los estomas de las plantas. Las condiciones favorables para su desarrollo son temperaturas entre 5 y 30º C, siendo el óptimo 25ºC, acompañadas por agua en la superficie vegetal. Las lluvias registradas en las últimas semanas pueden favorecer su propagación. La tuberculosis tiene como huésped principal el olivo, aunque puede también afectar al jazmín, fresno, adelfa, etc.






















