Durante años, la relación entre alimentación y salud mental se abordó casi exclusivamente desde el terreno de los hábitos saludables generales. Comer mejor ayudaba al cuerpo y, en consecuencia, también al bienestar emocional. Pero la ciencia empieza a mirar ahora hacia un actor mucho más concreto y complejo: la microbiota intestinal. Lo que sucede en el intestino podría influir directamente en procesos relacionados con el estado de ánimo, la inflamación o incluso la depresión. Y una nueva investigación vuelve a reforzar esa hipótesis colocando a la dieta mediterránea en el centro del debate, tal y como nos explican desde La Vanguardia
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