Mantener el aceite de oliva virgen extra (AOVE) a bajas temperaturas permite conservar durante más tiempo su calidad fisicoquímica, preservar mejor sus compuestos antioxidantes, reducir los procesos de oxidación y mantener intacto su perfil sensorial. En definitiva, prolonga la vida útil del aceite sin comprometer sus cualidades organolépticas ni sus propiedades saludables. Con esta premisa, Conde de Benalúa ha desarrollado el método Oleo-Fresh. Tal y como recoge Olimerca, un sistema integral de conservación en frío que pretende extender al hogar y a la restauración una práctica habitual en las almazaras para preservar la calidad del aceite desde su elaboración hasta su consumo. Lo cierto es que aunque el consumidor está ampliamente familiarizado con la importancia de controlar la temperatura de conservación del vino, el aceite de oliva virgen extra continúa almacenándose con frecuencia en lugares poco adecuados, expuesto al calor de las cocinas y a continuos cambios de temperatura que aceleran su deterioro.
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