Hay ocasiones en las que tenemos olvidos cotidianos, nos cuesta concentrarnos, no encontramos las palabras adecuadas para expresarnos o incluso los pensamientos se agolpan y nos impiden conciliar el sueño. Es lo que los expertos llaman niebla mental, un problema que, aunque no suele ser grave, puede influir y mucho en la calidad de vida. Estos síntomas difusos y difíciles de evaluar se han convertido, sobre todo a raíz de la pandemia, en una realidad frecuente para millones de personas y se asocian a un estrés crónico y a trastornos inflamatorios y digestivos. Este conjunto de síntomas es difícil de explicar y de medir, pero ahora la ciencia empieza a encontrar evidencias en las conexiones entre el cerebro y el intestino. Un estudio científico reciente que publica la revista Current Nutrition Reports y que recoge La Vanguardia analiza precisamente ese vínculo y plantea la idea de que nuestra alimentación, es decir, lo que comemos cada día podría influir directamente en nuestra claridad mental.
En este trabajo, un equipo de investigadores de la Universidad Hacettepe, en Ankara (Turquía), ha revisado la evidencia disponible sobre cómo la nutrición podría influir en los mecanismos fisiopatológicos que pueden provocar esa confusión intelectual. En concreto, han analizado cómo determinados patrones dietéticos pueden modular la inflamación cerebral, el eje intestino-cerebro y la calidad del sueño, tres factores que están íntimamente relacionados con la niebla mental.
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