La leche, el yogur y el queso, alimentos esenciales

La evidencia científica respalda que la leche, el yogur y el queso son alimentos esenciales, profundamente ligados a la actividad de miles de explotaciones ganaderas españolas. La conclusión del Libro Blanco de los Lácteos presentado recientemente es doble. Por una parte, la ciencia avala el consumo diario de lácteos como una de las decisiones alimentarias más sólidas que pueden tomarse, a cualquier edad. Por otro, elegir producto lácteo de origen nacional tiene un efecto directo sobre el medio rural: sostiene explotaciones mantiene empleos, conserva paisajes y frena la despoblación. Además, España cuenta con una producción láctea de excelente calidad, fruto del trabajo diario de ganaderos, cooperativas e industrias que han sabido modernizarse sin perder el vínculo con el territorio. Aquí se produce bien, con exigencia, con controles y con un compromiso creciente con la seguridad alimentaria, la sostenibilidad y el bienestar animal.

Los estudios recogidos en el Libro Blanco muestran una relación inversa entre la ingesta de lácteos y el riesgo de diabetes tipo 2, un efecto protector frente a la obesidad en niños y adolescentes y una menor incidencia de síndrome metabólico, riesgo cardiovascular e hipertensión en población mayor. En el ámbito muscular y óseo, la evidencia indica que las proteínas lácteas favorecen el aumento y conservación de la masa muscular -especialmente relevante en personas mayores- y se asocian a una mejor densidad ósea y menor riesgo de osteoporosis y fracturas.

La recomendación es clara: tres raciones diarias para la población general, ampliándose en adolescentes, embarazadas, mujeres durante la lactancia, personas mayores y deportistas. Los lácteos aportan calcio, potasio, vitamina A, vitamina D, magnesio, vitamina B2 y proteínas de alto valor biológico, un perfil nutricional difícil de igualar.

 

Y además de la ciencia, el productor

La misma evidencia que avala el consumo de lácteos pone en valor, de manera indirecta pero inseparable, al sector que los hace posibles. Porque los datos científicos describen lo que aporta el producto, pero ese producto no aparece solo en el lineal del supermercado: lo elabora cada día un ganadero, en una explotación que en la mayoría de los casos es familiar, y que mantiene actividad económica donde apenas hay alternativa. La ganadería de leche es una de las actividades humanas que más contribuyen a fijar población en el medio rural español, y a ese valor demográfico se suma el empleo directo e indirecto que genera el sector, desde la propia explotación hasta la industria transformadora, los servicios veterinarios, la maquinaria, el transporte o la alimentación animal.

El otro extremo de la cadena es la falta de relevo generacional, la dureza del trabajo ganadero y las dificultades para mantener la rentabilidad de las explotaciones están provocando un goteo constante de cierres. Y la advertencia es seria: podemos quedarnos sin producción láctea nacional en el futuro si no se revierte esa tendencia, lo que significaría depender de las importaciones procedentes de países con estándares de producción inferiores a los nuestros.

Conclusión: hay que dignificar el trabajo del ganadero, pagar adecuadamente los alimentos y exigir a las importaciones las mismas condiciones que se exigen aquí. La sociedad ha asumido durante demasiado tiempo que los alimentos se producen solos, y eso no es así.

 

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