El Papa León XIV planta el olivo de la paz

En un acto cargado de valor simbólico y profundo significado para la cultura mediterránea y la historia oleícola, el Papa León XIV participó esta semana en la plantación del “olivo de la paz” junto a líderes cristianos, musulmanes y judíos en la Plaza de los Mártires, en el corazón de Beirut (Líbano). Tal y como nos recuerda el consultor estratégico Juan Vilar, este gesto ecuménico refuerza la dimensión ancestral del olivo no solo como cultivo, sino como símbolo universal de paz, resistencia y convivencia. El olivo (Olea europaea) ha sido, desde hace miles de años, mucho más que un árbol agrícola. Su presencia marca el paisaje, la cultura y la economía de todo el Mediterráneo. En la antigüedad clásica, la rama de olivo se usaba para sellar pactos y treguas; en la Biblia, una paloma llevó una rama de olivo al arca de Noé, anunciando el fin del diluvio y el comienzo de un nuevo ciclo de vida.
Además, en Grecia antigua el olivo era consagrado a Atenea como símbolo de sabiduría y paz, y su aceite era base fundamental de alimento, luz y cura. En Roma, coronas de olivo premian la victoria pacífica y aparecen en numerosos monumentos como emblema de concordia. No es casual que el olivo se perciba como un mensaje universal de reconciliación. Su longevidad, resistencia a condiciones adversas y capacidad de regeneración lo convierten en metáfora de la persistencia ante la adversidad: raíz de vida que se entrelaza con generaciones de agricultores, familias y civilizaciones.

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