Con la llegada del otoño, las lluvias, los rocíos persistentes y el aumento de la humedad ambiental pueden favorecer el desarrollo de numerosas enfermedades fúngicas, tal y como nos explican desde la Red de Alerta e Información Fitosanitaria de Andalucía (RAIF). La Gestión Integrada de Plagas (GIP) propone anticiparse a estos riesgos mediante una estrategia que combine medidas culturales, vigilancia y evaluación de las condiciones favorables a la infección. Favorecer la aireación de la vegetación, evitar encharcamientos y gestionar adecuadamente los restos vegetales afectados contribuye a reducir el riesgo de enfermedad. El seguimiento del cultivo, sus antecedentes fitosanitarios, la fenología y las previsiones meteorológicas permiten orientar las decisiones. La prevención debe basarse en criterios técnicos, no en tratamientos sistemáticos asociados al calendario.
























