En busca de cura contra la Xylella fastidiosa

Pocos asuntos preocupan más al campo español que la extensión incontrolada de la Xylella fastidiosa, tal y como recoge El Confidencial en el artículo que reproducimos. Se trata una bacteria más conocida como el ‘ébola del olivo’ por sus efectos devastadores sobre las plantas leñosas: olivos, almendros, cítricos y viñas son la presa favorita de la Xylella, especies que casualmente son la base de nuestro sistema agrario. La Xylella ya arrasó hace una década los olivos del sur de Italia, y en Estados Unidos, origen probable de esta plaga, se han resignado a convivir con ella. Desde hace unos años, avanza silenciosa por España, con epicentro en Alicante  y Baleares, donde fue detectada por primera vez en 2016 y ha arrasado con los cultivos.

Se trata de una bacteria que obstruye el flujo de la savia en los árboles y termina por asfixiarlos, provocando que las hojas se marchiten. Los insectos que se alimentan de la savia son su vector de transmisión, lo que la hace particularmente contagiosa e impredecible. La Xylella no solo se encuentra en olivos y almendros. Hay Xylella en multitud de plantas de jardinería, como el romero o las adelfas, solo que en muchas de ellas es asintomática.

Distintos grupos investigadores buscan contrarreloj un remedio para detener su avance. Y aunque todo está en una primera fase de laboratorio, las perspectivas son buenas: dentro de unos años, es muy probable que se pueda detener el avance del ‘ébola del olivo’ mediante tratamientos biológicos. Sin embargo, pensar en su erradicación sería engañarse. La Xylella ha venido para quedarse y la meta es minimizar en todo lo posible el daño a la agricultura.

Hay dos equipos de microbiólogos trabajando en paralelo. Por un lado, está el Grupo Operativo Salud Olivar, un conglomerado de empresas olivareras y laboratorios de Andalucía, Valencia y Madrid. Por el otro, está un equipo financiado por la Comunidad Valenciana y liderado por el reputado microbiólogo Francis Mojica junto a investigadores de la Universidad de Alicante (UA), que centran su estudio en el almendro. Ambos equipos trabajan sobre la misma base, aunque con pequeñas diferencias.

 

Cóctel de enzimas​

El secreto para combatir la Xylella se llama endolisina. En sí, no es nada nuevo. La endolisinas son enzimas producidas por los virus bacteriófagos que permiten a estos virus romper las membranas de las bacterias (como la Xylella fastidiosa) y acabar con ellas. Es un proceso ampliamente conocido. Lo novedoso aquí es que ambos grupos investigadores llevan meses trabajando para detectar el cóctel de enzimas (o proteínas) idóneo para destruir la Xylella, la llave exacta que abre esa cerradura, y los avances son muy prometedores.

“Estamos a mitad de camino”, advierte Paloma Juárez, investigadora de Ainia y una de las líderes del Grupo Salud Olivar. Este grupo ha desarrollado una cepa de Escherichia coli (bacteria parecida a la Xylella), modificada genéticamente, capaz de producir endolisinas recombinantes con mucho potencial frente a la Xylella. La clave es ser preciso, dar con la tecla exacta antes de dar el siguiente paso. “Estas endolisinas lisan [destruyen] específicamente la Xylella, pero no el consorcio microbiano alrededor de ella. Las estamos testando en los ensayos ‘in vitro’ en laboratorio, y la siguiente fase será hacer ensayos en el campo. Queda un recorrido largo. En el próximo año, seguiremos en laboratorio, pero por ahora sí está funcionando”.

Los investigadores evitan poner fecha a la cura contra el ‘ébola del olivo’. Pasarán años, aseguran, antes de que estas endolisinas se puedan sintetizar, comercializar y ser puestas a disposición de los agricultores. «Estamos trabajando en una solución para árboles ya infectados, no en un sistema preventivo para aplicar a todos los olivos sanos en un campo, porque económicamente sería insostenible», adelanta Juárez.

La aplicación, a día de hoy, es la siguiente: «Sobre un plantón infectado, se inyectan las endolisinas directamente en la savia a través de unas cánulas», indica la investigadora. «Es algo que se puede hacer de forma manual, ajustando la presión de entrada correcta. Esa es la idea que barajamos hoy, pero quizá vemos que la aplicación foliar [a través de las hojas] es más eficaz, o de otro tipo».

La solución, pues, será curar los árboles infectados para no tener que arrancarlos y que sigan produciendo. La velocidad de transmisión de la Xylella es tan elevada que no parece realista pensar en erradicarla de nuestros campos. Menos, si tenemos en cuenta que la bacteria muta continuamente y que una vacuna eficaz para una cepa puede no serlo para la siguiente. El objetivo, pues, es salvar los árboles infectados, lo que en caso de olivos centenarios no es poca cosa, a través de la investigación continua. Algo parecido a las vacunas para los humanos, como la del virus de la gripe o la del más reciente covid-19.

Jesús García es microbiólogo y codirige el equipo de la Universidad de Alicante. Asegura que no hay una “receta mágica única que permita controlar la población de Xylella”, pero entre sus objetivos está encontrar una cura eficaz contra las mutaciones de la bacteria. “Hemos sintetizado varias endolisinas presentes en genomas de cepas de Xylella y a final de año empezaremos a probar. El inconveniente es que la tasa de crecimiento de esta bacteria es lenta, mucho más que por ejemplo la de la Escherichia coli, y eso hace que las pruebas se ralenticen”.

La Comunidad Valenciana financia este proyecto de la UA con 100.000 euros. Arrancó en 2020 y tiene una fase de estudio de cuatro años. Además del trabajo de microbiólogos, esta investigación también estudia los elementos externos para minimizar la presencia de Xylella. César Bordehore, coordinador de la Estación Científica Montgó-Dénia, desarrolla modelos matemáticos para ver los puntos débiles de los ecosistemas: cómo es de efectivo matar los insectos vectores, eliminar la hierba de los campos o arrancar ciertas plantas. “Intentamos ver el impacto de cada una de las medidas en la evolución de la enfermedad”, afirma.

«El foco no es eliminar la Xylella, sino hacer que le cueste más entrar en tu especie objetivo, por ejemplo, el almendro. Si le cuesta entrar, habrá menos probabilidad de infección a los ejemplares sanos, e incluso podemos ralentizar los síntomas en los ejemplares infectados, de modo que puedan seguir produciendo pese a estar contagiados y no haya que arrancar ese árbol y todos los que hay 50 metros a la redonda», explica Bordehore. «Actuando un poco en cada paso, quitando un poco de hierba, un poco de insectos vectores y reduciendo la tasa de infección un 20%, al final se genera una reducción drástica. Eso requiere un cambio de modelo de gestión del campo, lo que en muchas zonas de España es complicado».

Tanto el Grupo Salud Olivar como el equipo de la UA trabajan actualmente en conseguir un cóctel de enzimas estable en laboratorio, ya que no tiene sentido salir a hacer pruebas de campo sin un producto totalmente eficaz. Sin embargo, los avances son prometedores y permiten ver la luz a un problema mayúsculo para nuestros cultivos, cuyo impacto económico se calcula en miles de millones de euros y amenaza la producción de aceite de oliva en todo el Mediterráneo.

Fuente: El Confidencial

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