El calor modifica el cultivo y también su protección

Las altas temperaturas y la escasez de agua someten a los cultivos a un estrés que puede debilitar sus mecanismos naturales de defensa y aumentar su sensibilidad frente a determinados organismos nocivos. El ambiente cálido y seco puede favorecer el desarrollo de algunas plagas, especialmente ácaros e insectos, mientras limita muchas enfermedades asociadas a humedades elevadas, tal y como nos recuerdan desde la Red de Alerta e Información Fitosanitaria de Andalucía. Antes de realizar un tratamiento fitosanitario también deben considerarse condiciones como temperaturas extremas, baja humedad o plantas sometidas a fuerte estrés hídrico, ya que pueden reducir su eficacia, aumentar la evaporación de las aplicaciones o favorecer problemas de fitotoxicidad. Por ello, durante el verano resulta fundamental vigilar el estado del cultivo, ajustar el riego cuando sea posible y elegir cuidadosamente el momento de intervención. Proteger la sanidad vegetal también implica adaptar las decisiones a las condiciones ambientales.

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