La correcta gestión de los restos vegetales constituye una importante medida preventiva dentro de la Gestión Integrada de Plagas. El material afectado por organismos nocivos puede mantener formas de resistencia o supervivencia capaces de favorecer nuevas infestaciones o infecciones, tal y como nos recuerdan desde la Red de Alerta e Información Fitosanitaria de Andalucía (RAIF). Frutos momificados, ramas atacadas, madera infestada o plantas enfermas pueden convertirse en reservorios si permanecen en la parcela. Por ello, cuando exista riesgo fitosanitario, su retirada debe ir acompañada de una gestión adecuada que impida la supervivencia o dispersión del agente. La trituración, incorporación al suelo, valorización o, cuando esté justificado y autorizado, la quema, son alternativas cuya elección dependerá de cada situación. Eliminar correctamente las fuentes de infección o refugio contribuye a romper el ciclo de plagas y enfermedades y a proteger la siguiente campaña
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