Medidas preventivas GIP para favorecer el control de gusano rosado en algodón

El gusano rosado del algodón, Pectinophora gossypiella, es una de las plagas más importantes y persistentes del cultivo del algodón debido a los daños directos que ocasionan sus larvas sobre flores y cápsulas, tal y como nos explican desde la Red de Alerta e Información Fitosanitaria de Andalucía (RAIF). La plaga pasa el invierno principalmente en forma de larva dentro de semillas o en restos de cosecha. En primavera emergen los adultos, que depositan sus huevos sobre los órganos reproductivos de la planta. Las larvas recién nacidas penetran ráptidamente en botones florales y cápsulas, donde quedan protegidas de muchos factores externos. Uno de los síntomas más característicos es la formación de los llamados “farolillos”, flores cuyos pétalos quedan unidos por hilos de seda, así como la presencia de cápsulas dañadas y perforadas. En las fases más avanzadas, dentro de las cápsulas, las larvas se alimentan de las semillas y deterioran la fibra, reduciendo tanto el rendimiento como la calidad comercial de la producción.

Siguiendo la Guía de Gestión Integrada de Plagas (GIP) del cultivo, el manejo de esta plaga debe basarse en la prevención, el seguimiento continuo y la combinación de diferentes métodos de control. De acuerdo con las directrices de la GIP, el primer paso consiste en realizar una vigilancia sistemática de las parcelas para conocer la evolución de las poblaciones y determinar si existe un riesgo real de daño económico. Para ello, se utilizan trampas con feromonas sexuales que permiten detectar la presencia y la dinámica de vuelo de los adultos, complementadas con inspecciones periódicas de flores y cápsulas para localizar puestas, larvas y síntomas iniciales de ataque. Este seguimiento resulta esencial para adoptar medidas de control en el momento oportuno y evitar la realización de tratamientos innecesarios. Entre las medidas preventivas, el manejo de los restos de cosecha ocupa un lugar prioritario. Diversos trabajos desarrollados por IFAPA han demostrado que los restos vegetales y las cápsulas abandonadas en el campo constituyen uno de los principales reservorios de la plaga durante el invierno. Por este motivo, se recomienda destruir adecuadamente los residuos del cultivo inmediatamente después de la recolección, favoreciendo la eliminación de larvas invernantes y reduciendo la población que dará origen a las infestaciones de la campaña siguiente. Esta práctica es considerada una de las herramientas más eficaces y sostenibles dentro de la estrategia global de control.

Otra medida destacada es la utilización de técnicas biotecnológicas como la confusión sexual mediante feromonas. Este método dificulta el encuentro entre machos y hembras, reduciendo los apareamientos y, por tanto, la cantidad de huevos y larvas presentes en el cultivo. La guía de gestión integrada del algodón recoge esta técnica como una herramienta de gran interés dentro de programas de control sostenibles, especialmente en zonas donde la plaga presenta una presencia recurrente.

El control químico debe limitarse a aquellos casos en los que el seguimiento de la plaga confirme un riesgo real de pérdidas económicas. Para ello, es necesario que existan cápsulas receptivas y que, de forma simultánea, se registren capturas superiores a 20 adultos por trampa y día, se detecten cápsulas dañadas y no se hayan realizado tratamientos recientes con insecticidas piretroides. La Gestión Integrada de Plagas prioriza la aplicación de medidas culturales, biológicas y biotecnológicas, reservando el control químico como último recurso cuando los umbrales de intervención lo justifiquen. En caso de ser necesario tratar, se recomienda utilizar materias activas selectivas y compatibles con la fauna auxiliar, alternando los distintos modos de acción para minimizar el riesgo de aparición de resistencias. En cualquier caso, deberán emplearse exclusivamente los productos autorizados para el cultivo y la plaga, respetando las dosis y condiciones de uso establecidas en el Registro Oficial de Productos Fitosanitarios.

En conjunto, el control eficaz del gusano rosado no depende de una única medida, sino de la integración de vigilancia, eliminación de restos de cultivo, monitoreo mediante feromonas, aplicación de técnicas de confusión sexual y uso responsable de insecticidas. La combinación de estas prácticas permite reducir las poblaciones de la plaga de forma sostenible, disminuir la dependencia de tratamientos químicos y mantener la rentabilidad y la calidad de la producción algodonera.

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