El mosquito verde de la vid (Empoasca spp.), pertenece al orden Hemiptera y la familia Cicadellidae. Según explican desde la Red de Alerta e Información Fitosanitaria de Andalucía (RAIF), los adultos miden entre 2 y 3 mm, son alargados y de color verde claro translúcido con alas membranosas; se refugian en el envés de las hojas y elevan el vuelo ante cualquier perturbación. Las ninfas, que no tienen alas, tienen movilidad lateral característica y pasan por varios estadios, cambiando de blanco a verde amarillento hasta alcanzar la madurez. Su ciclo biológico varía entre 25 y 35 días dependiendo de la temperatura. La hembra inserta los huevos dentro del tejido vegetal, lo que hace difícil detectarlos a simple vista. Las ninfas, de color verde claro, evolucionan a adultos en unos 10 a 15 días. En Andalucía, se desarrollan 4-5 generaciones anuales; la más dañina es la segunda, entre julio y agosto, aunque también puede haber una tercera en septiembre-octubre, y es esta la que inverna como adulto en refugios perennes. La plaga afecta principalmente al cultivo de la vid (Vitis vinifera), pero también se alimenta de algodón, berenjena y otras especies agrícolas. Entre las plantas espontáneas que sirven de refugio se encuentran Solanum nigrum (tomatito o hierba mora), Amaranthus spp. (bledos), Malva spp. (malvas) y Chenopodium spp. (cenizos).
Las ninfas y adultos insertan su estilete succionando savia desde las nervaduras foliares. Su saliva provoca obstrucción de los vasos conductores, lo que lleva a desecación marginal, abarquillado y enrollado del limbo foliar. En variedades blancas aparece amarilleo del margen; en tintas, entre nervaduras surgen manchas rojizas dando un aspecto de mosaico. En ataques intensos se produce defoliación prematura no fisiológica, debilitamiento de la cepa, mal agostado de sarmiento, reducción del vigor vegetativo y descenso del rendimiento y grado alcohólico del vino. Además, las heridas foliares pueden favorecer la entrada de hongos y bacterias secundarias.
Actualmente la incidencia de esta plaga en Andalucía es moderada-baja, con medias provinciales de insectos por hoja q oscilan entre 0,1 y 0,3; y porcentajes de hojas con presencia en torno al 5-7%. Esto alerta de un control temprano antes de que se alcance el umbral de tratamiento, establecido en 0,5 ninfas/hoja a partir de mediados de julio. Se recomienda el conteo visual semanal en hojas jóvenes y la observación de ninfas en el envés.
Como medidas de control cultural (no químico) se aconseja:
-Eliminación de hospedantes alternativos: durante la parada invernal conviene desbrozar malezas espontáneas próximas, pues actúan como refugio y fuente de reinfestación primaveral
-Manejo del vigor vegetativo: una poda adecuada que reduzca brotaciones excesivamente tiernas disminuye la receptividad de la planta al mosquito, pues este prefiere tejidos jóvenes.
-Fomento de fauna auxiliar: se han identificado parasitoides de huevos como Anagrus atomus, Anagrus flaviapex, Arescon enocki y Stethynium triclavatum, que parasitan las primeras fases de desarrollo del insecto, reduciendo la población en forma natural. Los depredadores Chrysoperla carnea y Orius spp. también ayudan a controlar las poblaciones del mosquito verde. Su presencia puede potenciarse plantando plantas-refugio específicas. Hay que evitar el empleo de insecticidas de amplio espectro que afecten estos auxiliares.
El control químico solo se usaría si se superan los umbrales de intervención antes mencionados, empleándose estos de manera racional, rotando las materias activas para evitar resistencias, aplicando los productos fitosanitarios autorizados en el Registro del Ministerio, y en el momento óptimo de aplicación, esto es, cuando haya presencia de ninfas jóvenes, más sensibles al tratamiento
Al final del ciclo del cultivo, especialmente tras la vendimia, pueden surgir defoliaciones incluso antes del estado fenológico «O» (caída natural de hoja, entre octubre y diciembre). La pérdida foliar prematura originada por una fuerte presencia del insecto dificulta el agostado normal del sarmiento, viéndose comprometido el vigor para la próxima campaña. Además, cepas debilitadas presentarán brotaciones tardías o débiles, menor producción y posiblemente menor calidad de uva en la campaña siguiente.

























