El prays del olivo (Prays oleae) constituye una de las plagas clave del olivar mediterráneo. De las tres generaciones que desarrolla anualmente, la generación carpófaga es la que puede ocasionar daños directos sobre la cosecha al afectar a los frutos recién cuajados. Las larvas procedentes de esta generación penetran en la aceituna a través de la zona peduncular y se alimentan de la semilla en formación, provocando posteriormente la caída prematura del fruto. En Andalucía, según nos explican desde la Red de Alerta e Información Fitosanitaria (RAIF), el seguimiento de esta generación adquiere especial importancia desde el final de la floración y durante las fases iniciales de desarrollo del fruto, especialmente en parcelas con condiciones favorables para la supervivencia de huevos y larvas. No obstante, la evolución de la plaga puede presentar diferencias importantes entre zonas y campañas, por lo que resulta fundamental realizar un seguimiento específico en cada parcela antes de adoptar cualquier medida de control.
Seguimiento y evaluación del riesgo
La Gestión Integrada de Plagas (GIP) establece la necesidad de priorizar las labores de monitorización y evaluación del riesgo como base para la toma de decisiones. En el caso de la generación carpófaga de Prays oleae, el seguimiento debe centrarse principalmente en la observación de adultos en trampas de feromonas y, especialmente, en la evaluación de la presencia de huevos sobre fruto. Las puestas suelen localizarse preferentemente sobre aceitunas recién cuajadas, observándose inicialmente huevos blanquecinos que evolucionan posteriormente hacia tonalidades amarillentas y anaranjadas próximas a la eclosión. Las larvas recién emergidas penetran en el interior del fruto. Las condiciones meteorológicas influyen notablemente en la evolución de la plaga. Temperaturas suaves y elevada estabilidad atmosférica favorecen la actividad de vuelo y la viabilidad de las puestas, mientras que episodios de temperaturas elevadas, baja humedad relativa o vientos intensos pueden incrementar la mortalidad de huevos y larvas neonatas.
Criterios de intervención en GIP y Producción Integrada
Tanto la Guía GIP del Ministerio de Agricultura como el Reglamento de Producción Integrada de Andalucía establecen que las intervenciones fitosanitarias deben basarse en criterios técnicos justificados y no en tratamientos sistemáticos. Siempre utilizando productos registrados y uso autorizados en el Registro de Productos Fitosanitarios del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación para el cultivo. En este sentido, resulta esencial valorar conjuntamente el porcentaje de aceitunas con presencia de huevos vivos, la evolución de las capturas de adultos, el estado fenológico del cultivo y la capacidad de regulación natural ejercida por la fauna auxiliar. Además, debe tenerse en cuenta que el olivo presenta de forma natural una importante caída fisiológica de frutos en las semanas posteriores al cuajado, circunstancia que puede compensar parcialmente los daños ocasionados por la plaga. Por ello, antes de realizar cualquier intervención, se recomienda evaluar adecuadamente la carga de cosecha prevista y el riesgo real de pérdida productiva. En parcelas con escasa floración o baja carga de fruto, los daños pueden adquirir mayor relevancia económica.
Medidas de manejo recomendadas
La estrategia de manejo debe orientarse prioritariamente hacia la conservación del equilibrio biológico del agroecosistema. Numerosos enemigos naturales contribuyen al control de Prays oleae, entre ellos himenópteros parasitoides, crisópidos, sírfidos y diferentes especies de arañas y depredadores generalistas. La GIP recomienda evitar intervenciones innecesarias que puedan alterar esta fauna auxiliar, así como priorizar aquellas materias y estrategias compatibles con el control biológico cuando resulte necesaria una actuación fitosanitaria.
Asimismo, resulta conveniente mantener una adecuada ventilación de la copa mediante prácticas de poda racional, favorecer la biodiversidad en el entorno del cultivo y evitar desequilibrios derivados de un uso indiscriminado de productos fitosanitarios. Finalmente, debe recordarse que el seguimiento continuado de la parcela constituye la herramienta fundamental para una correcta toma de decisiones, permitiendo adaptar las actuaciones a la situación real de cada zona y campaña y favoreciendo un manejo más sostenible del olivar andaluz.























