El final del verano y el comienzo del otoño son momentos importantes para el seguimiento del repilo (Fusicladium oleagineum) en el olivar, tal y como nos recuerdan desde la Red de Alerta e Información Fitosanitaria de Andalucía (RAIF). Durante el verano, las altas temperaturas y la baja humedad relativa limitan el desarrollo de la enfermedad. Sin embargo, pueden existir hojas infectadas que todavía no presentan síntomas visibles. Es el denominado repilo incubado o latente. Se señalan tres momentos principales para el seguimiento y la posible intervención frente al repilo: final de invierno, mediados de primavera y final de verano antes de las primeras lluvias. El periodo actual constituye un momento clave para valorar el riesgo de la enfermedad.
Con la llegada del otoño, el aumento de la humedad relativa, junto con las primeras lluvias y unas temperaturas más suaves, puede favorecer nuevas infecciones. Una parcela con pocos síntomas visibles puede presentar un mayor riesgo si existe una presencia importante de infección latente. En este momento resulta recomendable revisar el estado sanitario de las parcelas y prestar especial atención a aquellas con antecedentes de repilo o con condiciones favorables para mantener una mayor humedad, como vaguadas, arroyos, cañadas, zonas de umbría o plantaciones con copas excesivamente densas.
El seguimiento debe incluir la observación de hojas con síntomas y la valoración del repilo incubado. Para conocer la presencia de repilo latente se utiliza el método de la sosa, que permite detectar la existencia de infecciones antes de que aparezcan los síntomas visibles. Este muestreo se realiza habitualmente a finales de agosto, en el periodo previo a las lluvias otoñales. En Producción Integrada, la decisión de intervenir debe basarse en el seguimiento de la enfermedad y en los criterios establecidos en el Reglamento Específico de Producción Integrada de olivar. La llegada del otoño no implica la necesidad de realizar un tratamiento. Es necesario valorar previamente el nivel de enfermedad y las condiciones de la parcela para decidir si resulta necesaria una actuación preventiva.
En las plantaciones nuevas, se recomienda utilizar variedades resistentes y evitar copas densas. En las plantaciones ya establecidas, se aconseja moderar el abonado nitrogenado y realizar podas que favorezcan la aireación de la copa, que ayudan a reducir la condensación y la permanencia de humedad sobre las hojas, dificultando el desarrollo de la enfermedad.
La decisión debe basarse en los resultados obtenidos en la parcela. Cuando se supere el umbral del 1 % de hojas con repilo visible y/o latente, deberá valorarse la intervención. En zonas de alto riesgo y cuando concurran condiciones favorables para el desarrollo de la enfermedad, puede realizarse un tratamiento antes de alcanzar dicho umbral, como actuación preventiva basada en el riesgo de la parcela y no como una aplicación sistemática.
Si es necesario realizar un tratamiento se utilizarán los productos fitosanitarios autorizados para este uso en el Registro de Productos Fitosanitarios del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.
























