La finalización de la recolección no supone el final de la gestión sanitaria del almendro. Durante las semanas posteriores, el árbol continúa activo y debe completar la acumulación de reservas antes de la parada vegetativa, tal y como nos recuerdan desde la RAIF. Por ello, este periodo constituye una oportunidad para observar el estado de la plantación y adoptar medidas preventivas que ayuden a afrontar la próxima campaña en las mejores condiciones. Desde el punto de vista de la Gestión Integrada de Plagas, el manejo después de la recolección debe apoyarse especialmente en la observación del cultivo, la conservación de una masa foliar sana y la realización de unas adecuadas prácticas culturales.
Tras la recolección, las hojas continúan realizando fotosíntesis y contribuyen a la acumulación de reservas que serán utilizadas durante la brotación y el desarrollo inicial del próximo ciclo del cultivo. De ahí la importancia de conservar una masa foliar sana y activa hasta su caída natural, vigilando la aparición e incidencia de plagas o enfermedades que puedan provocar una defoliación prematura del árbol.
Entre los problemas que pueden afectar a la masa foliar se encuentran determinadas plagas, como el mosquito verde (Jacobiasca lybica y Empoasca vitis), ácaros (Panonychus ulmi, Tetranychus urticae y eutetranychus carpini), tercera generación del tigre del almendro (Monosteira unicostata); y enfermedades que pueden ocasionar daños en las hojas. Su presencia debe vigilarse especialmente en aquellas parcelas donde se hayan observado síntomas o incidencias durante la campaña.
La observación de las parcelas permitirá valorar la evolución de estos problemas y, cuando sea necesario, establecer las medidas de control de acuerdo con los criterios de la Gestión Integrada de Plagas y el Reglamento Específico de Producción Integrada de Almendro. De igual modo, la cosecha supone una importante extracción de nutrientes. Sin embargo, la fertilización posterior a la recolección no debe plantearse como una aportación de forma genérica.
El estado nutricional del árbol y las características de cada parcela deben determinar las necesidades de fertilización. Los análisis de suelo y foliares permiten ajustar las aportaciones y evitar desequilibrios así como aplicaciones innecesarias. Los aportes de materia orgánica pueden contribuir a mejorar las propiedades del suelo y su actividad biológica, siempre integrados en la estrategia general de fertilización de la explotación. El periodo posterior a la recolección es también un momento adecuado para preparar el suelo ante las lluvias de otoño e invierno.
En las plantaciones de secano y, especialmente, en terrenos con pendiente, el manejo debe orientarse a favorecer la infiltración del agua y reducir las pérdidas por escorrentía y los procesos erosivos. Las labores deberán adaptarse a las características y necesidades de cada parcela y realizarse en condiciones adecuadas, evitando aquellas actuaciones que puedan deteriorar la estructura del suelo.
La cubierta vegetal debe manejarse buscando un equilibrio entre la competencia que pueda ejercer sobre el cultivo y los beneficios que aporta en la protección del suelo y el mantenimiento de la biodiversidad. No se trata necesariamente de eliminar toda la vegetación espontánea, sino de realizar un manejo adaptado a las condiciones de la plantación.
Con la llegada de la parada vegetativa comienza la planificación de la poda. Además de regular la estructura y el desarrollo del árbol, una poda adecuada puede contribuir a mejorar las condiciones sanitarias de la plantación. Una copa equilibrada favorece la aireación y facilita el manejo del cultivo durante la siguiente campaña. La poda permite asimismo observar el estado sanitario de ramas y brotes e identificar madera afectada o árboles que hayan presentado síntomas durante la campaña. Las herramientas deberán mantenerse en buenas condiciones y extremar las medidas de higiene cuando exista riesgo de transmisión de problemas sanitarios.
La etapa posterior a la recolección ofrece una oportunidad para conocer mejor el estado de la plantación y planificar la próxima campaña.
Mantener una masa foliar sana hasta su caída natural, ajustar la nutrición, manejar adecuadamente el suelo y la cubierta vegetal y preparar una poda orientada tanto al equilibrio del árbol como a la prevención sanitaria son actuaciones que dentro de la Gestión Integrada de Plagas, contribuyen a mantener la explotación en las mejores condiciones.























