La generación antófaga del Prais (Prays oleae), conocida como generación de flor, es la segunda de las tres generaciones anuales de este lepidóptero que afecta a las inflorescencias del olivar, tal y como nos recuerdan desde la Red de Alerta e Información Fitosanitaria de Andalucía (RAIF). Su aparición coincide con el periodo de floración del olivo, entre mediados de abril y finales de mayo, dependiendo de la zona y de las condiciones meteorológicas del momento. Es una fase intermedia entre la generación filófaga (la que ataca a las hojas) y la carpófaga (la que ataca al fruto). Los adultos de la generación filófaga realizan la puesta en los botones florales de las inflorescencias. Las larvas, al eclosionar, penetran en el interior de estos botones florales para alimentarse de los órganos reproductores, especialmente los ovarios. Esta alimentación impide el desarrollo normal de la flor y provoca su caída. Tras completar su desarrollo, la larva pasa a crisálida en lugares protegidos como la propia inflorescencia, hojas o cortezas, donde se protege dentro de un capullo sedoso, de donde emergerán los adultos de la generación carpófaga.
Los daños causados por la generación antófaga consisten principalmente en la destrucción de flores, lo que puede reducir el número de frutos cuajados. Sin embargo, en la mayoría de los casos, estos daños no afectan significativamente a la producción, ya que el olivo tiene un elevado número de flores y un porcentaje natural de caída muy alto. Solo en casos de poblaciones elevadas o años de floración escasa, la incidencia de esta generación puede tener consecuencias económicas. Dada la actual fenología del olivar en la gran mayoría de parcelas de Andalucía, se aconseja estar muy atentos a su evolución, realizando muestreos periódicos (mínimo cada 5-7 días) con el objetivo de constatar su presencia y el porcentaje de daño sobre las inflorescencias. Las provincias occidentales son las más adelantadas fenológicamente, donde predomina el estado «D3» (Corola cambio color), con numerosas parcelas iniciándose la floración. En las provincias orientales la fenología va algo atrasada, predominando el estado «D1-D2» (Empieza corola-despliegue corola).
Los porcentajes de daño de esta generación del prais oscila entre el 0,8% de inflorescencias atacadas con formas vivas, de media provincial en Cádiz, y el 8% de Sevilla. En Málaga el daño es del 1,3%, en Córdoba del 3,9%, en Huelva del 4,8% y en Jaén del 5,8%. En las provincias de Almería y Granada, con la fenología más retrasada, no han comenzado aún los muestreos de esta generación del prais. El porcentaje medio provincial de parcelas afectadas varía entre el 46% de Cádiz y el 100% de Huelva.
Es importante recordar que la generación antófaga del prais debe ser vigilada principalmente en aquellas plantaciones más adelantadas fenológicamente o en aquellas otras que por su escaso porcentaje de inflorescencias, puede provocar daños muy importantes en las mismas, viéndose mermada considerablemente la producción del cultivo. Hay que intervenir químicamente contra esta generación del prais cuando se prevea que la cosecha vaya a ser corta y se compruebe presencia importante de formas vivas de este insecto (larvas o huevos viables) afectando a las inflorescencias. Esto ocurre si el número medio de inflorescencias por brote es menor de 10 y hay menos del 20% de flores fértiles (con 1 ovario); además se debe confirmar la presencia de, al menos, un 5% de inflorescencias atacadas, con presencia de formas vivas de prais.
Cabe recordar que los tratamientos fitosanitarios pueden afectar negativamente a la fauna auxiliar, por lo que el uso de insecticidas debe reservarse a casos muy concretos y justificarse mediante los umbrales de tratamiento mencionados en el anterior párrafo. Es fundamental preservar los enemigos naturales como himenópteros parasitoides y depredadores que regulan las poblaciones de esta plaga, y mantener el olivar en buen estado vegetativo para reducir la susceptibilidad a esta plaga.
























