Labores y prácticas culturales durante el invierno en los cereales

En los cereales, los meses de invierno en Andalucía coinciden con el inicio del ahijado, la estabilización de la nascencia y el desarrollo de un sistema radicular suficientemente fuerte para preparar la planta de cara a la primavera. Durante esta época se decide buena parte del rendimiento final, por lo que el manejo debe ser cuidadoso pero adaptado a las condiciones climáticas mediterráneas (lluvias irregulares, episodios de frío intermitentes y suelos secos en profundidad). El invierno es la fase crítica para controlar las malas hierbas porque el cereal aún no ha cerrado el dosel y la competencia afecta directamente al número de macollos por planta. Antes de aplicar cualquier control, es imprescindible identificar especies presentes (avena loca, vallico, bromo, amapola, jaramago, ortiga muerta, verónica…), estimar densidades por m², evaluar el estado fenológico del cereal (2–3 hojas, inicio de ahijado), y comprobar la humedad del suelo y el pronóstico de lluvias. De cara a prever un control químico contra las malas hierbas, la mayoría de los tratamientos se realizarán en: postemergencia temprana: cereal en 2–3 hojas, malas hierbas en cotiledones o 1–2 hojas; o postemergencia avanzada: hasta ahijado, evitando periodos de heladas severas. En cualquier caso, se deberá evitar realizar tratamientos con temperaturas inferiores a 5 °C, no aplicar sobre cultivos estresados (encharcamiento, heladas recientes, o con falta de nitrógeno), así como, ajustar el volumen de caldo según densidad de plantas.

En cuanto a la fertilización, la aplicación de nitrógeno en cobertera es esencial tanto para favorecer el ahijado, como para garantizar la formación de espigas fértiles y asegurar un crecimiento uniforme antes del encañado. La 1ª cobertera se suele aplicar en enero (en el ahijado) y la 2ª en febrero (en el encañado). En siembras tardías se efectuará algo antes, para estimular un ahijado rápido. Los fertilizantes más empleados son el nitrato amónico (eficiente en zonas con frío moderado), la urea (más económica, requiere humedad para su transformación), y el nitrato cálcico (en suelos con tendencia a acidificación). La dosis a emplear dependerá del análisis de suelo efectuado previamente, la precipitación acumulada, la variedad (las cebadas suelen requerir menos N que el trigo), y si es secano o regadío.

La evaluación del estado del cultivo en diciembre–enero es esencial para detectar fallos tempranos. Se comprobará la nascencia contando las plantas por metro lineal o por m², comparándola con la densidad objetivo (250–350 plantas/m² en trigo; 200–300 en cebada). Se identificarán las “calvas” o zonas con nascencia irregular. Las posibles causas de la mala nascencia son la costra superficial tras lluvias intensas, los suelos fríos en siembras tardías, los daños producidos por aves, así como, las enfermedades del suelo (fusarium, damping-off). Las posibles acciones correctivas pueden ser la nivelación o eliminación de costra mediante pase ligero de rastra (solo en fases tempranas), las resiembras localizadas (si se detectan fallos graves en diciembre), y el control de fauna silvestre con métodos defensivos autorizados.

El control de plagas y enfermedades durante el invierno se limitará a monitorear semanalmente plagas como el mosquito del trigo (Mayetiola destructor), gusanos de alambre (Agriotes spp.), los pulgones (sobre todo al final del invierno con temperaturas suaves), y topillos o roedores; y enfermedades como septoria (Septoria sp.), roya (Puccinia sp.)(en días templados y noches frías), oídio (Blumeria graminis)(en condiciones de humedad y temperaturas frescas), helmintosporiosis (Helminthosporium sp.) en cebada, así como, pie negro (Gaeumannomyces graminis)(en parcelas con alta humedad en el suelo). En estos caso, como norma general la recomendación es intervenir solo si se supera el umbral de tratamiento, no tratando preventivamente sin justificación alguna; valorando en cada caso la susceptibilidad varietal y la humedad acumulada.

Durante la época invernal se deberá también realizar el mantenimiento de la maquinaria y las infraestructuras de la explotación, dado que en esta época la demanda de maquinaria es menor. Entre otras acciones, se efectuarán las siguientes tareas: Revisión de la sembradora y ajuste de dosificadores; Limpieza y calibración de la abonadora; Revisión de las boquillas y la presión del pulverizador; Mantenimiento de los tractores (aceites, filtros); así como, la reparación de vallados, drenajes y caminos de acceso.

También se deberán de realizar acciones para la conservación del suelo, recomendándose evitar labores en suelos saturados por riesgo de compactación, realizar canales de evacuación si hay riesgo de encharcamiento, y, en zonas de pendiente, sembrar en curvas de nivel. Todo esto redundará en una reducción de la erosión y una mejor infiltración del agua de lluvia.

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