España atraviesa una de las campañas de incendios forestales más duras de la última década. Según los datos del sistema europeo EFFIS, el país acumula ya más de 55.000 hectáreas forestales calcinadas en lo que va de año, más del doble que en las mismas fechas de 2025, con 15 grandes incendios (de más de 500 hectáreas) registrados solo hasta principios de julio. En este contexto, INTEROVIC, la Organización Interprofesional Agroalimentaria del Ovino y el Caprino, subraya que el pastoreo extensivo y la trashumancia siguen siendo una de las herramientas más eficaces y menos costosas para frenar el avance de las llamas. «La ganadería extensiva y la trashumancia no solo generan alimentos de calidad y sostienen la vida en el medio rural, sino que cumplen un papel esencial en la prevención de incendios y en el cuidado del entorno, ya que allí donde pasta el ganado la vegetación se reduce y con ella el riesgo de propagación de las llamas».
Urgencia y prevención no solo en verano
La urgencia es evidente sobre el terreno: en los últimos 20 años el censo europeo de ovino y caprino se ha reducido un 26%, situándose en torno a los 54 millones de ovejas y 10 millones de cabras. En España, más de 250.000 familias, la mayoría en la llamada España vaciada, dependen de este sector, cuya actividad reduce de forma natural la vegetación seca y, con ella, el combustible que alimenta los incendios. Desde INTEROVIC se insiste en que la prevención no puede limitarse a los meses de verano. «La ganadería extensiva trabaja todo el año fijando población, cuidando el paisaje y reduciendo el riesgo de incendio, por lo que el apoyo institucional y la decisión de compra de los consumidores deben mantenerse de forma constante y no solo cuando el fuego ocupa titulares».
La reivindicación del sector coincide, además, con un espaldarazo institucional sin precedentes: la Comisión Europea presentó el pasado 7 de julio su nueva Estrategia sobre la Ganadería, en la que identifica por primera vez al ovino y al caprino como actividades fundamentales para conservar los ecosistemas, prevenir incendios forestales y mantener vivo el medio rural. Según la propia Comisión, unos 35 millones de hectáreas de hábitats protegidos en Europa dependen del pastoreo para conservarse en buen estado, y su desaparición favorece la acumulación de matorral y el riesgo de grandes fuegos. Para Raúl Muñiz, presidente de INTEROVIC, se trata de un reconocimiento largamente esperado: «que la Comisión Europea reconozca por fin el papel estratégico del ovino y el caprino es una excelente noticia», asegura, aunque insiste en que «el reto ahora es asegurar el relevo generacional del sector».
La única forma de apostar por la ganadería extensiva y mantener con vida la trashumancia y el pastoreo es consumir carne de cordero, lechal y cabrito durante todo el año. En el caso particular de la trashumancia, declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, cabe destacar su importancia porque es gestión del territorio y sostenibilidad: los rebaños a su paso depositan semillas y materia orgánica, previenen incendios y mantienen pastizales de alto valor ecológico. El pastor no solo apacenta: guarda, guía y conduce. Ha pasado de ser productor a ser protector del paisaje.
Un caso único en España es el de la Sierra de Segura (Jaén), donde dos veces al año, miles de ovejas recorren a pie las mismas rutas que llevan siglos trazadas, siguiendo el ritmo de las estaciones entre los pastos de altura de Cazorla, Segura y Las Villas y las dehesas de Sierra Morena. Desde Santiago-Pontones parten cada año, entre finales de octubre e inicios de noviembre, más de 35.000 cabezas de ganado, principalmente de raza segureña. Inician su viaje desde la mayor altiplanicie de España, los campos de Hernán Perea, buscando temperaturas más calidad en las dehesas de Sierra Morena Oriental, recorriendo unos 75 kilómetros a pie en un periodo de cuatro a ocho días.
La historia más urgente de la trashumancia, además de la conservación de las cañadas, es la de quien las recorre. Frente al envejecimiento generalizado del sector y la falta de relevo generacional en la ganadería extensiva española, la Sierra de Segura alberga un caso que merece atención: 80 jóvenes pastores que han decidido, cada uno desde un punto de partida diferente, que su futuro está en el monte.
























