Prevención de la verticilosis mediante prácticas de Producción Integrada en olivar

La verticilosis del olivo continúa siendo una de las principales enfermedades del olivar andaluz y, debido a la ausencia de tratamientos curativos eficaces, su manejo se basa en la prevención y en la gestión integrada del cultivo, tal y como nos recuerdan desde la Red de Alerta e Información Fitosanitaria de Andalucía (RAIF). La investigación y la experiencia de campo han demostrado que la mejor estrategia consiste en evitar el establecimiento del patógeno y minimizar su impacto mediante prácticas preventivas, en línea con el enfoque actual de la Sanidad Vegetal, que prioriza el conocimiento del agroecosistema y la conservación de sus mecanismos naturales de regulación. La dificultad para controlar esta enfermedad radica en la biología de Verticillium dahliae, capaz de sobrevivir en el suelo durante más de quince años mediante microesclerocios, además de presentar un patotipo defoliante, más agresivo, y otro no defoliante, de evolución generalmente más lenta. Esta complejidad le profiere un aspecto que con frecuencia pasa desapercibido: la verticilosis debe entenderse como un síndrome vascular más que como una enfermedad con una sintomatología específica. La colonización del xilema provoca una alteración en el transporte del agua y los nutrientes que puede manifestarse como una apoplejía, decaimiento lento, marchitez, clorosis o defoliación. Estos síntomas pueden confundirse fácilmente con problemas fisiológicos, exceso de humedad o enfermedades radiculares causadas por otros patógenos. Visto todo esto, conseguir un diagnóstico preciso constituye el primer paso para poder plantear cualquier estrategia de manejo.

Tras muchos años de investigación, se ha comprobado que ninguna medida aplicada de forma aislada consigue un control adecuado. La eficacia en el control reside en la combinación de actuaciones preventivas capaces de reducir la presión de inóculo y dificultar la infección del cultivo. Este modelo de actuación coincide plenamente con los principios del Reglamento Específico de Producción Integrada del Olivar, que sitúa la prevención como eje fundamental de la protección fitosanitaria. La utilización de material vegetal certificado, la elección de parcelas con bajo riesgo, el empleo de variedades más tolerantes, una fertilización equilibrada, el manejo adecuado del riego, la correcta eliminación de restos vegetales infectados, la desinfección de maquinaria y herramientas o la reducción del laboreo en parcelas afectadas forman parte de una estrategia múltiple cuyo objetivo no es eliminar el hongo, sino minimizar el riesgo para que la enfermedad se desarrolle.

Desde este enfoque también se han impulsado nuevas líneas de investigación orientadas a comprender mejor el funcionamiento del agroecosistema. El control biológico mediante microorganismos antagonistas, especialmente especies de Trichoderma, el empleo de enmiendas orgánicas y técnicas de biofumigación, el estudio del microbioma asociado a las raíces del olivo, el desarrollo de sistemas de desinfección del agua de riego o la utilización de herramientas de teledetección para el diagnóstico precoz son algunos de los avances que están redefiniendo el manejo de la verticilosis. En todos ellos subyace una misma idea: aprovechar los procesos naturales para aumentar la resiliencia del cultivo y reducir la dependencia de otras medidas de control. Entre todas las líneas de investigación, la mejora genética se perfila como una de las más prometedoras. Durante años se conocía la resistencia parcial de variedades como ‘Frantoio’ o ‘Empeltre’, pero sus limitaciones agronómicas dificultaban una implantación más amplia. El gran reto consistía en obtener nuevas variedades que combinaran una elevada resistencia con productividad, rendimiento graso y una excelente calidad del aceite.

Ese objetivo se ha materializado recientemente con la presentación, por parte del Instituto Andaluz de Investigación y Formación Agraria, Pesquera, Alimentaria y de la Producción Ecológica (IFAPA), de tres nuevas variedades de olivo resistentes a la verticilosis: Urgavona, Cástula e Iliturgitana. Este avance constituye uno de los hitos más relevantes alcanzados en los últimos años para la olivicultura andaluza y abre una nueva vía para el manejo de la enfermedad en aquellas zonas donde la verticilosis limita seriamente la viabilidad de las plantaciones.

Las nuevas variedades son el resultado de más de veinte años de investigación, durante los cuales se han realizado cruzamientos entre parentales resistentes, procesos de selección agronómica y exhaustivas evaluaciones de resistencia en cámaras de cultivo, micro parcelas inoculadas y ensayos de campo. El programa ha estado liderado por el IFAPA y las nuevas variedades han sido obtenidas por Lorenzo León, investigador del IFAPA, y Raúl de la Rosa, investigador científico del Instituto de Agricultura Sostenible (IAS-CSIC), con la colaboración de numerosos profesionales del IFAPA, investigadores de otras instituciones, agricultores y empresas que han participado en los ensayos de campo. Este esfuerzo colectivo, desarrollado a través de proyectos regionales y nacionales y del trabajo continuado durante dos décadas, pone de manifiesto que los grandes avances en sanidad vegetal son el resultado de la cooperación entre investigación y sector productor. Enlace a la noticia. Las nuevas variedades tampoco deben interpretarse como una solución única. Su verdadero valor reside en incorporarse al conjunto de medidas preventivas que conforman la Gestión Integrada de la enfermedad.

La verticilosis se ha convertido en un ejemplo de cómo la innovación científica está transformando la protección del olivar. Sabemos que convivir con esta enfermedad exige comprender el suelo, el agua, la biodiversidad microbiana y el comportamiento del cultivo como un sistema único. Esta es la filosofía que inspira la Producción Integrada y la nueva orientación de la Sanidad Vegetal: prevenir antes que curar, favorecer los mecanismos naturales de regulación y combinar todas las herramientas disponibles para construir un olivar más sostenible y resiliente.

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