La araña roja (Tetranychus urticae) es una de las plagas más problemáticas del algodón en Andalucía debido a su rápida capacidad de multiplicación, su comportamiento agregativo y su sensibilidad a los desequilibrios ecológicos generados por prácticas agronómicas o fitosanitarias inadecuadas, tal y como nos recuerdan desde la Red de Alerta e Información Fitosanitaria de Andalucía. Esta plaga se desequilibra fácilmente tanto por la muerte de sus enemigos naturales tras el empleo de insecticidas polivalentes, como por rebrotes producidos por el abuso de abonos nitrogenados, lo que obliga a implantar un manejo preventivo y basado en la gestión integrada de plagas. Su ciclo biológico, muy dependiente de la temperatura, permite que en verano complete generaciones en apenas doce días, lo que explica la rapidez con la que puede colonizar una parcela si no se actúa a tiempo. Además, su tendencia a formar focos iniciales en lindes o zonas con vegetación espontánea hace que la vigilancia temprana sea esencial para evitar su expansión.
El manejo de Tetranychus urticae se fundamenta en tres pilares: la prevención, la conservación de fauna auxiliar y el uso racional de acaricidas selectivos.
- En cuanto a la prevención, es clave eliminar la vegetación espontánea de las lindes, ya que en ella pasan el invierno las hembras adultas. También es fundamental ajustar la fertilización nitrogenada a niveles agronómicamente óptimos, evitando excesos que favorecen a la plaga. Se recomienda evitar insecticidas de amplio espectro, ya que su uso elimina depredadores naturales y provoca incrementos bruscos de la araña roja. El seguimiento continuo mediante muestreos es igualmente imprescindible, centrándose en la hembra adulta, que es el estado más fácil de identificar a simple vista. En cada parcela, se deberán muestrear 25 plantas al azar, escoger 1 hoja del tercio superior, y valorar el número de hembras adultas.
- La conservación de enemigos naturales es uno de los elementos más eficaces del control. Destaca la importancia de especies como Orius, Nabis, Chrysopa, Aeolothrips y Scolothrips, señalando que niveles de 30-40 individuos de Orius por sábana pueden frenar el desarrollo de la plaga. La presencia de auxiliares suele mantener las poblaciones de araña roja en niveles bajos, reduciendo la necesidad de tratamientos químicos. Por ello, el manejo integrado prioriza la protección de estos organismos mediante la elección de productos selectivos y la reducción de intervenciones innecesarias.
- El control químico debe considerarse únicamente cuando se superen los umbrales establecidos (más del 20 % de plantas ocupadas o presencia de focos/ataques en linde o más de 1 hembra/hoja), siempre que no existan auxiliares en cantidades suficientes. En caso de ser necesario intervenir, se recomiendan el empleo de acaricidas selectivos, y solo los autorizados en el Registro de Productos Fitosanitarios del Ministerio de Agricultura, alternando materias activas con modos de acción diferentes. La eficacia del tratamiento depende en gran medida de la correcta aplicación, asegurando que el producto llegue al envés de las hojas, donde se concentra la plaga. La estrategia aconseja tratar solo los focos iniciales o las lindes, reservando los tratamientos generalizados para situaciones en las que la plaga esté extendida por toda la parcela y se haya superado el umbral de intervención.
La tendencia natural de la plaga es que aparezca inicialmente en focos localizados, llegando a generalizarse solo en determinadas condiciones. El seguimiento constante permite ajustar las decisiones de manejo y evitar tratamientos innecesarios, lo que contribuye a la sostenibilidad del cultivo. En general, la combinación de prácticas culturales adecuadas, conservación de fauna auxiliar y uso racional de acaricidas permite mantener la plaga bajo control sin comprometer la rentabilidad ni el equilibrio ecológico del agroecosistema del cultivo.























